En este blog de fantasía, Recodo Fantástico, podrás leer relatos de otros mundos, dejarte llevar por la magia de criaturas de ensueño, entrar en mundos que ni siquiera sabías que existían, y, sobre todo, evadirte, aunque sea por unos instantes, de la aburrida y monótona realidad.

sábado, 27 de febrero de 2010

El extraño y alocado cuento del prícipe amargado

¡Hola a todos!
Este es un relato fantástico e inusual que escribí hace algún tiempo, ¡Espero que os guste!


El extraño y alocado cuento del príncipe amargado
En lo alto de un castillo rodeado por quinientas murallas, en la torre más alta de todas,
en una pequeña y lúgubre habitación que se hallaba en la punta más alta, escondido dentro de un arcón de setecientos cerrojos, en una pequeña esquina oculta, se escondía un pequeño, triste y solitario príncipe negro.
Me diréis que no son los príncipes a los que encierran en los castillos, sino las princesas, y que no son negros, sino azules.
Pero, ¿Porque siempre tiene que ser así?. No, este príncipe era diferente.
Estaba condenado a ocultarse allí hasta que una princesa verde, montada en un caballo azul le rescatase de aquel castillo.
Y eso era porque, en toda su vida, todas las princesas a las que había conocido eran aburridamente iguales. Todas tenían cabellos rubios y vestidos rosas, montaban en caballos blancos y cantaban a los pajaritos todas las mañanas.
Y el, claro está, no era uno de esos apuestos príncipes azules que se casan siempre con las princesas. No, el era un príncipe negro, que soñaba con una princesa diferente, una princesa verde.
Ya se que pensaís que esta príncipe no estaba del todo cuerdo, pero ¿por que tenía que estarlo?. La peor tortura para el no era estar allí encerrado, no. La peor cosa que había tenido que soportar era vivir en su aburrido y cursi cuento de príncipes y princesas, malos malísimos y cancioncillas pegajosas.
Y por eso se retiro hasta ese castillo oscuro y sombrío, para esperar a que alguna princesa verde fuese a rescatarle. Así que espero y espero durante mucho tiempo.
Los nobles y plebeyos del lugar pensaban, al igual que algunos de vosotros, que aquel joven príncipe había perdido definitivamente la cordura. Pero que sabrían ellos de lo que al muchacho se le pasaba por la cabeza. Nada, y era mejor que así siguiese siendo, al menos eso creo yo.
En fin, que la tan esperada princesa verde no aparecía, y el príncipe negro perdió casi todas sus esperanzas. Pero un día, después de mucho, mucho tiempo, sucedió. No, no es eso, no acudió ninguna princesa verde, sino algo mucho, mucho más insólito.
Acudió a ese lugar la más cursi y refinada de todas las princesas de la corte. Iba montada en un pony de color de rosa, con su reluciente cabello rubio ondeando a su espalda. Su vestido, de color fucsia chillón, le llegaba hasta los pies, donde tenía puestos unos zapatos con dos relumbrantes rosas en el centro. Todo el que se acercaba a ella, se desmayaba por el tufo a fresas que emanaba. Tras ella había toda una legión de pajaritos de colores, que cantaban alegremente.
-Adelante- susurró con voz cantarina.
Los pájaros derivaron las 500 murallas con sus espeluznantes cantos. Después cogieron a la princesa por los pelos y la elevaron a la torre más alta. Ella se arremango el vestido y entró por la ventana, donde se hallaba el arcón de 700 cerrojos. Con un súbito y repentino movimiento, la princesa sacó de algún lugar de su vestimenta un frasquito de colonia.
-Cariño, vengo a rescatarte- dijo, con una risita nerviosa. Después vertió la colonia sobre todos y cada uno de los cerrojos, que quedaron reducidos a polvo por aquel líquido corrosivo. Entro de un salto en el arcón, sonriendo al horrorizado y asustado príncipe que se hallaba a sus pies
La princesa se acercó más al príncipe, que se desmayó al oler el pestilente tufo a fresas. Le cogió y ambos se marcharon al castillo de esta.
Cuando despertó, se encontraba en su adorable cuarto de príncipe azul, tendido en la cama con dosel. La princesa se estaba su lado, y susurró:
-Oh, amor mío te quiero, te amo, te adoro, te rescaté para que los dos vivamos felices y comamos perdices!!!.
El príncipe, asustado, intento escapar de aquella cama, pero el tufo que emanaba la princesa le debilitaba más y más.
-No, quiero volver a mi sombrío castillo, déjame, eres lo que intento evitar, pero es aún peor, eres como una pesadilla... Echa realidad- El príncipe tragó saliva con fuerza y cerro los ojos, en parte porque aquel ambiente cargado lo embotaba y en parte porque era lo más parecido a su amada oscuridad.
-Calla, amor mío, estás muy, muy debil, descansa amooor.- Entonces se acerco a él, dejándole inconsciente de nuevo.

Y así pasaron los días, y el desdichado príncipe no mejoraba. Aquella princesa lo estaba matando, poco a poco, muy poco a poco.
Un día, mientras se encontraba en el lecho medio inconsciente, algo lo rocio la cara y un pestilente olor se extendió por la habitación. El abrió los ojos, esperanzado, y contempló, en el alfeizar de la ventana, a una mofeta verde montada sobre un ratón de color azul.
Entonces, el príncipe le tendió el brazo, donde la mofeta verde se subió. Luego, el príncipe beso a la mofeta, que se trasformo en una bella y guapa princesa verde, y el ratón se convirtió en un bonito caballo azul, todo lo que el príncipe había deseado siempre.
Justo es ese momento, llegó la princesa rosa, que, al ver lo que sucedía, cogio su frasco de colonia corrosivo de su bolsillo. Pero la princesa verde fue más rápida, y le lanzó un hechizo a la princesa rosa y esta se convirtió en la más fea y horripilante de todas las brujas, lo que realmente era. Entonces, el príncipe negro contemplo a la bruja maravillado y la estrecho entre sus brazos.
-¡Pero que belleza tan horripilante que tienes!!!- Su voz sonaba repentinamente entusiasmada- ¡Deberías de habérmelo dicho antes, pequeña bruja!!
Entonces, la princesa verde y el caballo volvieron a convertirse en animales, y la mofeta se casó con un mofeto, y se tiñó el pelaje de marrón, al igual que el ratón azul (que ahora era gris), que se casó con una ratita. Así todo se arregló, tal y como debía de ser, y los malos malísimos y los buenos buenísimos se quedaron en su lugar.
Pero como en este cuento nada es como debería de ser, un buen día la bruja y el príncipe se aburrieron y se convirtieron en zariguellas voladoras, al menos de eso me he enterado yo. Ahora, de si vivieron felices y comieron perdices no estoy tan segura, porque supongo que las zariguellas no comen perdices, o si???. Después de todo, nada es lo que parece.

FIN.

2 comentarios:

  1. O.O ¡Me ha encantado! De verdad, es el cuento más original que he leído nunca :D

    ¡Besos! ^^

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