En este blog de fantasía, Recodo Fantástico, podrás leer relatos de otros mundos, dejarte llevar por la magia de criaturas de ensueño, entrar en mundos que ni siquiera sabías que existían, y, sobre todo, evadirte, aunque sea por unos instantes, de la aburrida y monótona realidad.

domingo, 6 de febrero de 2011

Confesiones de Afi, primera parte

Pequeña historia que escribí en momentos de locura... Un tanto extraña (primera parte)


Día novecientos ochenta y ocho, del mes diez del año tres mil ochocientos ochenta y tres. Mentira. Te engañé vilmente. Lo inventé. En realidad no se que día es, ¿Acaso importa?

Eh, tu. Si, tu ¿Quién si no? Escucha, lo que tienes entre las manos son las páginas mojadas de un diario. Un diario escrito tan solo en un día, pero, que sin embargo, cuenta toda una vida. O, quién sabe, una parte minúscula de ella. Si estás leyendo esto, es porque has cogido los barquitos de papel que flotaban en tu bañera, y la tinta con la que estaban escritos no se ha separado de ellos. ¿Qué como han llegado allí? Sinceramente, no lo sé, pero parece que últimamente los barquitos de papel tienen tendencia a refugiarse en las bañeras. Por eso ahora yo los hago de aluminio. Oh, perdona. No me he presentado. No tengo nombre. Ni quiero que nadie me lo ponga. Aunque, si te hace feliz, puedes dirigirte a mi como Afi. No soy hombre, pero tampoco mujer. No soy niña, ni niño. Ni, bueno, ni malo. No se siquiera a que especie pertenezco, o si no pertenezco a ninguna. No hay ningún adjetivo que sirva para calificarme, en realidad. A simple vista puedo parecer un ser extraño, tan extraño que pueda causarte rechazo o repulsión. Esta es la razón que me a llevado a escribirte, mi querido amigo, aunque ni tan siquiera te conozca. Mi extraña existencia no puede ser ocultada por más tiempo en las tinieblas de las sombras y mundos incoherentes. No se si puedo morir, pero si así fuese, querría que alguien más aparte de mi cuervo blanco tuviese consciencia de mi extraña existencia cuando suba las escaleras. Puede que lo leas a continuación te sorprenda, puede incluso llegar a frustrarte, pero no por eso has de juzgarme.
Así que sigue leyendo, déjate seducir por la magia de mis susurrantes palabras y entra en mis destartalado e incomprensible sueño.

No recuerdo cuando llegué a esta dimensión, si es que llegué alguna vez. Para mi nada a cambiado desde que recuerdo mi existencia. Son incontables los años que llevo deambulando en este mundo, ni los que aún me quedan. El tiempo es tan insignificante para mi que siquiera cuento el transcurso de los minutos, las horas, las semanas, los meses, los años, las décadas o las centurias. Ni siquiera se cuanto dura un segundo, ni me hace falta. Los humanos tienen la manía de contar el tiempo precisa e invariablemente, pero… ¿Están acaso en lo correcto? ¿no es cierto entonces que hay segundos que pasan tan deprisa que ni tan siquiera da tiempo a contarlos, y otros que se suceden unos de otros por eternidades? Algo que da que pensar, sin duda.
Como iba diciendo, no recuerdo cuando llegue a este mundo. Lo único que no se me olvida es el camino a mi madriguera. Si, mi madriguera, o morada, hogar, casa, como quieras llamarlo. ¿Qué donde está? Fácil. Solo tienes que seguir las escaleras. O, si lo prefieres, cruzar una puerta o colarte por una ventana. Es sencillo. Bajas una vez para arriba y subes hacia abajo y listo. Para mi es fácil, pero siempre hay que hacerlo con cuidado. Nunca sabes donde te pueden llevar unas escaleras, una puerta o alguna ventana, sobre todo si no sigues el camino correcto… estoy divagando. Disculpa. Suele pasarme. Procurare que no ocurra. De veras lo siento.
Una vez que has bajado hacia arriba y subido hacia abajo te encuentras la madriguera. La morada, el hogar. Ya sabes, te lo dije, como quieras llamarlo. Si alguna vez vienes a verme a la madriguera, recomiendo que tengas cuidado al cruzar el umbral de la puerta. Es algo peligroso. Arriesgado. Como gustes nombrarlo. No es difícil cuando estás acostumbrado, pero si no lo estás es algo complicado. Bien, al entrar todo es confuso. Las paredes, el suelo y los techos tienen puertas, ventanas, escaleras, objetos de todo tipo o incluso seres. Si, seres. Como ya he dicho, nunca sabes donde te pueden llevar unas escaleras, una puerta o ventana. En mi madriguera todo está siempre en movimiento. Puedes cerrar con llave una puerta, y también una ventana. Pero no hay manera, es imposible cerrar unas escaleras. De todas formas no suelo cerrar nada con llave. Ni siquiera las puertas o ventanas. ¿Y si alguien de otra dimensión quisiese visitarme? Es sólo una manera tonta de interrumpir el curso de todas las cosas. Vaya una forma sería esa de recibir invitados. Aunque nadie suele venir a visitarme. Los seres que por casualidad se topan con mi madriguera, abriendo alguna puerta, pasando a través de una ventana o siguiendo unas sinuosas escaleras, no tenían intención de hacerlo. ¡De veras que no tenían esa intención! Pero a veces es imposible resistirse ante una puerta abierta, una ventana de la que sale una leve brisa o unas misteriosas escaleras que parecen no tener fin…
Cuando cruzas el umbral de la puerta de mi madriguera no sabes en realidad donde te encuentras. Todo es diferente de cómo lo habías dejado al marcharte. Una puerta se ha tragado unas escaleras por las que caminaba algún ser, que ha su vez estaba apoyado sobre la repisa de alguna ventana… En fin. No trates de guardar algo y encontrarlo después, porque cuando te descuidas un segundo, todo se pone en movimiento. Algo extraño, lo sé. Lo único que no se mueve es mi cuervo blanco. Es muy extraño, siempre está en el mismo lugar. Podrían moverse todas las ventanas, escaleras o puertas, que el siempre estaría exactamente en el sitio exacto donde lo habías visto por última vez. Un huracán podría llevarse todo consigo y, con seguridad, mi cuervo blanco seguirá apoyado sobre la misma repisa, absolutamente imperturbable. Es curio el asunto de mi cuervo. Nunca dice nada pero, sin embargo, lo dice todo. No me preguntes cómo, ni tan siquiera yo lo se, pero parece que el sabe todos los secretos del universo. Tengo la seguridad de que el conoce sin duda donde llevan todas las puertas, ventanas y escaleras del universo. Lástima o, por el contrario suerte que no pueda contarlo….
En fin. No se por donde seguir hablando de mi y los extraños sucesos que me rodean, después de haberte relatado los secretos de mi madriguera. Hay tantas cosas… Pero supongo que querrás saber algo más de lo que ahora sabes (bastante poco), Cosas que sean importantes en mi existencia, mis gustos o aficiones, mi manera de vivir… Bien.
Ya te dije que soy algo poco común. No soy un hombre, ¡desde luego que no!, pero tampoco una mujer… No se en que etapa de mi vida estoy. No tengo arrugas, ni rasgos que denoten mi edad. Si tuviera que definirme, diría que soy etéreo. Ago etéreo sería lo más correcto para definirme y, sin embargo, tampoco es del todo bueno para expresar de forma precisa lo que soy.
Pues bien, tengo diversas aficiones. En el mundo en el que vivo hay mucho tiempo libre. Mucho tiempo para pensar y hacer cosas extrañas. Infinidad de milenios y todo transcurre con la misma calma que al principio. Escaleras, puertas y ventanas por todas partes ¡Para volverte loco, todo se mueve continuamente y todo sigue igual de incomprensible que al principio! Yo suelo hacer todo tipo de cosas, pero mi afición favorita es recolectar búhos. Ya sabes, los búhos pueden ser algo molestos. Siempre te están observando con esos ojos grandes. Ni siquiera pestañean. Están en lo alto de alguna empinada escalera, subidos en la repisa de alguna ventana o posados sobre el marco de alguna puerta. Siempre sientes su afilada mirada en tu nuca, te encuentres donde te encuentres. Pueden girar su cabeza 360 grados, no puedes librarte de ellos, ¡Es imposible! A no ser que los recolectes. Los caces, o atrapes, como quieras llamarlo. Yo lo hago. Los cazo, uno tras otro. Y los encierro en la habitación 212. Ya sabes, bueno, quizá no. La habitación doscientos doce es la única que está cerrada con llave. Por seguridad. Allí los meto a todos. A los búhos, me refiero. La habitación puede moverse, cambiar de sitio, pero permanece cerrada con llave. Cada vez que encuentro uno, va directo a la habitación doscientos doce. Esa habitación es espeluznante. Cuando entras, todos te observan, persiguiéndote con la mirada donde te diriges. Con esos ojos tremendamente grandes y abiertos, sin un solo parpadeo, con toda su atención, toda la atención de millones de ojos enormes y siniestros. Parece que quisieran robarte algo. Parece que se pusieran en contacto con tu alma y absorbieran una parte de tu ser. Por eso los encierro. Para que no absorban mi alma, si es que yo tengo de eso.

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